La mitad de mí
Yo soy, o la mitad de mí es, el del rincón de la parte superior izquierda, junto a la salida, el que va a salir de estampida aprovechando que los demás están de botellón. Ahora en serio, como dice Bill Bryson en su magnífico recopilatorio de ciencia titulado Una breve historia de casi todo (que sólo tiene la pequeña pega de extenderse en algún científico apellidado Wilson que no llegó a nada más que en Einstein y de que haya más Wilson que científicos rusos, y ningún griego): "Para que tú estés aquí, y teniendo en cuenta la cantidad de especies que se han extinguido, de las que sólo ha sobrevivido menos del 1% has tenido que estar vinculado a una línea selecta, y además has sido milagrosamente afortunado en cuanto a tus ancestros personales. Durante 3.800 millones de años cada uno de tus antepasados de ambas ramas ha sido lo suficientemente atractivo para hallar una pareja, ha estado lo suficientemente sano para reproducirse y le han bendecido el destino y las circunstancias lo suficiente para vivir el tiempo necesario para hacerlo. Ninguno de tus respectivos antepasados pereció aplastado, devorado, ahogado, de hambre, atascado, ni fue herido prematuramente ni desviado de otro modo de su objetivo vital: entregar una pequeña carga de material genético a la pareja adecuada en el momento oportuno para perpetuar la única secuencia posible de combinaciones hereditarias, que pudiese desembocar casual, asombrosa y demasiado brevemente en ti..." Antes de ser tu mismo, y para milagro entre los milagros, aún tendrías que ser el elegido entre los varios millones de espermatozoides que inician la carrera final. Hay que decir que si no llegas no te enteneras y que a alguien le tiene que tocar, pero al salir a la calle dan ganas de ponerse a felicitar a todo el mundo.