EL ELECTOR PALATINO: Rubalcaba v Rajoy
Confieso que yo era de los españoles que veía en Rajoy a un hombre bueno y honrado, aunque lento de reflejos, más miope de lo que insinúan sus gafas y temerariamente indeciso. Además fue escogido a dedo por el capricho personal del monclovita precedente, digo del anterior, en un ramalazo dictatorial que hasta cierto punto tiene sentido en un país donde se pasa de la disensión a la traición al estilo romano sin demasiado remordimiento, lo que podría desembocar en los imperios de Oriente y Occidente dentro de una formación política. Rajoy sigue pareciendo bueno y honrado, pero necesitado de estimulación por parte de sus colaboradores, entre los que sólo veo con cierto carisma a González Pons, mientras que los que están llegando al poder en sustitución de los socialistas, lo hacen por la mala gestión de estos, y no por sus propias dotes. Los colaboradores propinaban a Rajoy un cachete en un carrillo para hacerle observar ciertos sucesos, lo que hacía temer que el poder lo reblandeciese del todo, un día cumpliese la tendencia de sus predecesores de ponerse a jugar a los trenes eléctricos en su despacho de la Moncloa, y el país empezase a resentirse de la agónica legislatura.
He constatado lo mucho que se ha espabilado, y durante la campaña y el último debate electoral, agarrado a los cuatro folios para no dejar nada a la improvisación, Rajoy parecía que se había tomado un Red Bull. Convenció a una mayoría que ya estaba encarrilada, pero que se sentó delante del televisor esperando que el listo de la clase se sacase algo magistral de la manga para ahorrarle los recortes, lease Rubalcaba, lo cual no ocurrió. Rajoy se olvidó del rollo de Sáenz de Santamaría haciendo de muñeca pepona, para hacer suyo el cabreo general, por lo que se deduce que es un político que se viene arriba con la corriente, y que cuando las cosas se pongan feas quizá vuelva a zozobrar.
Rubalcaba ya era demasiado sospechoso de Rubalcaba. La culebra puede contorsionarse hasta cierto punto para salvar todos los obstáculos, pero si hubiera remontado los pronósticos de estas elecciones, se hubiera convertido ya en Alien, el octavo pasajero. Todo un fenómeno paranormal, Rubalcaba, que después de arrancar con los primeros gobiernos socialistas sin llegar a solucionar el problema de la educación escolar, pasó a defender la inocencia del gobierno en los GAL que costó penas de cárcel a miembros del gobierno, sobrevivió a las corruptelas y la crisis del 93, a la defenestración del felipismo, Borrell y Almunia, se lució con aquello de "los españoles no se merecen un gobierno que les mienta" (nadie ha sacado nunca más petróleo de una calumnia cuando no había otra cosa a qué agarrarse), e incluso saltó del barco en el último momento pese a su presencia como vicepresidente en los Consejos de Ministros donde se han tomado las más desastrosas decisiones, al menos para todo aquel que no pertenezca a una minoría, sin aportar una sola idea decisiva y resultando con su colaboración, cinco millones de parados, cuando de lo que se trata ahora es de crear empleo. Además solía ser el portavoz, la cara visible, en todos estos festivales, lo que no le impidió salir como candidato único para el gobierno, después de un trabajito de fontanería, por el empeño de su gran amigo Zapatero, del que en plena campaña electoral parecía renegar. Otro trabajito de fontanería esta afianzándolo como líder de la oposición, en la confianza de que dentro de cuatro años Rajoy fracase en su propósito de salvarnos de la crisis internacional. Aquí sólo se espera que caiga el otro para arrimarse al poder.
Nadie había estado como Rubalcaba en todas las salsas desde Tallyrand, que partiendo de noble, fue obispo, participó en el gobierno de Luís XIV, la Revolución, el Consulado, el Imperio napoleónico, el Congreso de Viena, la Restauración de los borbones, y por los pelos no enlaza con la Revolución de 1830, que fue breve, peloteando con todos y eliminando rivales sin quitarse la peluca, el muy intrigante. Perdón, pues acabo de conocer que Tallyrand no sólo sobrevivió a la Revolución de 1830, sino que obtuvo un nombramiento de los borbones con casi ochenta años, eso después de haber traicionado a todos los antepasados borbónicos, llegando alguno a ser incluso gillotinado. Engañar aNapoleón ya es mucho engañar, a pesar de que en un rapto de lucidez o de impotencia este le dijo a la cara que no era más que una mierda en una media de seda. Con todo, cuando Napoleón escapa de la isla de Elba quiere contar otra vez con él, así que Tallyrand se dispone a descolgar los retratos del despacho, pero no pone el de Napoleón hasta ver qué ocurre en Waterloo. Con la derrota napoleónica regresa con los borbones para presidir el gobierno de Francia. Después de una vida de vicio e intrigas, se retira, y la iglesia católica “se reconcilia con él”, con lo que va al cielo.
Rubalcaba acaba de sentarse en la silla eléctrica en la que sentó al Partido Popular por los atentados de una guerra injusta contra Sadam Hussein que se parece mucho a la guerra que ha servido para quitar del mapa a Gadafi, aunque todavía se parece más a la guerra de Irak la intervención en Afganistán con tropa terrestre que se está llevando a cabo bajo mandato socialista. “España no se merece un gobierno que no solucione el problema de cinco millones de parados”. La diferencia entre una guerra legal o ilegal, consiste al parecer en que esos adalides de la democracia que son Rusia y China, e incluso Francia, no estén en tratos con el sátrapa de turno, para que den su visto bueno a que el iraquí, el libio o el afgano puedan aspirar a la democracia sin salir a pecho descubierto. Como se ve, los sirios se merecen menos la democracia. Si luego los fundamentalistas ponen una bomba en un mercado para matar a cien inocentes y escandalizar con las cifras a Occidente, a eso se le llama terrorismo. Cuando los fundamentalistas triunfan, no hay democracia. La novedad que han traído las redes sociales, es que con la Primavera Árabe los islamistas han tenido la precaución de declararse demócratas por primera vez para capitalizar los aires de libertad, aunque eso aún no signifique gran cosa. Recordemos que desde el siglo XVII, el cristianismo tardó otros tres siglos en dejar de interferir directamente en la vida privada, lo cual no se contradice conque en occidente, tres de cada cuatro personas se consideren creyentes.
Rubalcaba fue el que hizo ver a los españoles como negro, lo que era blanco. Durante el vertido de petróleo del Prestige también parecía que la vida en la tierra se extinguiría. Durante esta campaña los socialistas no aludieron ni una vez a los temas de corrupción que tanto habían explotado sin sentencia judicial por la sencilla razón de que el ministro Blanco podía estar pringado en un caso similar.
Rajoy lo tenía demasiado fácil. En la lista de méritos visibles conque cuenta para encarar la presidencia, mucho me temo que no está la imaginación, que no rebosa tampoco entre el resto de los políticos que llegan alto. En cuando coja las tijeras de podar no va a dejar una rama en su sitio ni habrá forma de quitarle la afición, con lo cual nos vamos a quedar sin bosque y sin sombra, y cuando se de cuenta quizá será demasiado tarde. Jamás se le ocurrirá impulsar definitivamente el coche eléctrico, por ejemplo, para reducir la demanda energética (me refiero sin esperar a que se le ocurra antes a un alemán o a un japonés) o invertir en ciencia y tegnología, aunque sea perdiendo dinero, de manera tan decisiva que cuando ya no podamos competir con los países emergentes en mano de obra barata y el Magreb se recupere políticamente y perdamos también turistas y hasta la producción hortofrutícola, por no decir los caladeros de pesca, nos encontremos con un país competitivo en aquello que es más inimitable. Meterle mano a la banca para que haga circular el crédito y obligar a los empresarios con beneficios a invertir en empleo en vez de tener el dinero en el banco, dándoles un respaldo por su generosidad en caso de dificultad, podría estimular la economía. Es más, no se me ocurre otra. Todos hemos tenido alguna vez la intuición de algo que podía servir, pero nos lo hemos guardado hasta que hemos descubierto que al servidor del pueblo se le ha ocurrido algo parecido con meses o años de retraso.
Me gustaría equivocarme, pero me temo que el despegue del país no se va a producir, sino un arranque lento, solo aparente, que quizá rebaje las cifras del paro al final de la legislatura y tranquilice al demonio de los especuladores. Vive mejor un especulador que un ladrón de fruta. No existe ningún precedente de político español que organizase un debate entre personas sin carnet del partido pero de probado ingenio, creatividad y conocimiento sobre el problema a resolver, para una vez consultados llegar a un final feliz, porque no existe un sistema educativo que saque de debajo de las piedras a todo aquel con un gran potencial, y los que salen se van fuera. Como mucho se nombra a un tecnócrata, o se contrata a asesores, profesionales de la asesoría, cuando sale más barato consultar a un centenar y ponerles una medalla por su contribución a la gloria de España, y al que sirva, a ese se le deja fijo. A diez mil euros la idea. Ellos, los políticos, creen poder con todo, pero si pensamos que son un número reducido de gente que dedica casi todas sus fuerzas a conseguir el poder y mantenerse, que bajo la apariencia de unidad, los partidos están divididos, y que los grupos triunfantes no suelen contar con elementos de los grupos derrotados de ese mismo partido, se reduce mucho el capital humano a la hora de tomar decisiones acertadas, y con el amiguismo y el dedo de E.T.E, todavía más.
El ejemplo más significativo es la elección de Zapatero, un político idealista pero con una capacidad de resolución de problemas inferior al de un concejal de Medio Ambiente en un pueblo de 100 habitantes, más ocupado en repartir subvenciones para mantener el clientelismo, que ha sido la ruina, y en una política vacía, de grandes gestos universales. Se aupó al poder contra todo pronóstico debido a las luchas entre las dos tendencias socialistas más fuertes, creyendo que sacarían ventaja de su aparente debilidad. El rasgo común de casi todos aquellos que nombró ministros era el perfil bajo, algo de su propia debilidad disfrazada de buenismo. Así tenemos los trapicheos y derroches para la industria del cine, la llegada y regularización masiva de inmigrantes que no puede absorber el mercado laboral, la inoperancia en las grandes cumbres internacionales donde se toman las decisiones que afectan a un país, la pasividad cuando no la benevolencia con los dictadores esperando que se vuelvan buenos de un día para otro, los coqueteos con la banca para guardarse las espaldas ante la previsible derrota electoral que anuncia su incompetencia, las concesiones desmesuradas a a cambio de favores poco solidarios, a unos independentistas insaciables que tienen el objetivo de destruir lentamente el estado como único medio de convertirse en estado; las reuniones secretas con terroristas que sólo consiguen resucitarlos hasta que los derrotada la policía con la colaboración de Francia, la negación de la crisis internacional hasta que fue demasiado tarde para luego echarle la culpa de su propia inoperancia a la crisis internacional, o las revisiones parciales de la guerra civil para nombrar a unos víctimas angelicales y a otros verdugos en un intento de pringar a una derecha española que ha pasado tantos filtros democráticos como el partido socialista.
En la reserva activa de los dos grandes partidos destacan Esperanza Aguirre por el Partido Popular y José Bono por el Partido Socialista, pues la equidistancia estratégica de Gallardón o el nacionalismo soterrado de Chacón junto a su poco carisma se vuelve contra ellos a la hora de concitar grandes masas entre sus correligionarios, sobre todo si enfrente tienen a alguien que representa mejor la esencia ideológica de la formación. El defecto de Aguirre y Bono, sabedores de sus dotes de líderes, es la virtud de Rajoy y fue la de Zapatero o González, la prudencia. Estos son líderes que han caído en la presidencia casi por inercia, sin que pareciera que tenían una ambición especial, ni siquiera unas grandes dotes, salvo González, por su carisma. No es lo mismo aspirar a la presidencia de una comunidad autónoma que al gobierno de la nación, y las declaraciones de Aguirre y Bono, salpicadas de ironía e ingenio, parecen malévolas, resultan contraproducentes cuando se trata de hacerse con un partido a nivel nacional, demostrando una ambición de poder que siendo la misma que la de sus contrincantes, pone en guardia a sus rivales, dando la impresión al votante de que sirven principalmente a sus propios objetivos políticos. Se ha demostrado que la aparición a última hora como candidato de un elemento secundario, con un mínimo carisma pero con la apariencia de un funcionario con cierto espíritu renovador, aunque sea patrocinado por un líder saliente, puede echar abajo a los predestinados después de tantos años de espera, cuando se trata de optar a la presidencia.
