domingo, 1 de abril de 2012

Ataques de nostalgia tontorrona

Reconozco que periódicamente me entran estos ataques y viajo en el tiempo buscando en el pasado no se sabe qué. Cierto regodeo infantil, quizá, sobre aquellas cosas que en su momento me fascinaron, subliminadas por el que ahora soy. Creo que en realidad lo que busco es confirmar en aquellas pequeñas fascinaciones el caldo de cultivo que prefiguró a este individuo, o una mejor versión de mí mismo que se quedó encerrada allí para siempre, con aquellas luces y sonidos mágicos, confirmando la decepción del presente. El pasado es un paraíso en potencia, el presente es el miedo y el futuro es la muerte domesticada, y eso fue verdad entonces como lo es ahora. El barrio delimitado, por muy popular que fuera, es el país fantástico, como la casa es el castillo, y los padres, el tendero de la esquina, la vecina gorda, el primer amigo, la profesora de párvulos, la chica que te gustaba... son los dioses y mortales de aquella epopeya, una más entre 7.000 millones. Echo un vistazo a escondidas a las series, a las películas, a los álbumes de fotos, con los ojos como platos, y al rato ya no es lo mismo, sé que no es lo mismo, temo que se evapore, como un polvo empujado por el aliento que ha estado encerrado en un libro grueso después de mucho tiempo. Apago y cierro el libro y todo lo que me une a aquella época, para volver a retomarla otro día. Como dice Bill Bryson en su magnífico compendio de ciencia, para que hubieras podido nacer, tuvo que producirse el milagroso encuentro de todos tus antepasados desde hace cinco mil millones de años, tuvieron que llegar a la edad adulta y ser aptos para la reproducción, sin excepción, unas mil millones de parejas con todo tipo de formas, y en el único planeta conocido en los alrededores capaz de albergar vida y sometido a todo tipo de catástrofes,  y entre las millones de especies posibles, has ido a caer en la única inteligente que ha existido, la del ser humano, pues bien hubieras podido nacer una morsa o cualquier otra especie que ahora estuviera lamiendo algas en la pared de una roca. Ala, ya podemos ver Banner y Flappy.











Yyoo ssooyy  ttuu ppaaddrree.


                                       Asalto al congreso. Cada vez que lo veo me pongo peor.





                 Todos fuimos argentinos... Y Cristina Kichner estaba estudiando en la universidad
           Di una vuelta por el barrio subido a una escoba, como en un corcel, pero volví a casa, ya tenía doce años, y no había por qué forzar las cosas.

Parece que canta el mismo niño (o mujer imitando la voz de un niño, que era peor), en los coros de todas las series. He convertido mi blog en una discoteca de lo más carca, con esas patéticas bandas sonoras, de la que sólo se salva El hombre y la tierra, cuya música es de Antón García Abril, y  Érase una vez el hombre, que para eso la música es de Beethoven, el minueto del septimino. Legendario el gallo de Jose Ángel de la Casa, en el 12 a 1 de España a Malta, un locutor que aburría a las moscas en las retransmisiones, pero también tuvo su momento de gloria.

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